Bueno ya hemos regresado de la segunda parte de nuestra Luna de Miel, cargados de imágenes maravillosas, algo de vodka y todavía viendo oro por todas partes.

La primera etapa del viaje tuvo lugar en San Petersburgo (antigua Leningrado), donde navegamos por su impresionante río Neva, que llega a tener 1 km de anchura, y sus canales bordeados por palacios. Estuvimos en la plaza de San Isaac y su espectacular catedral, desde cuya cúpula contemplamos toda la ciudad, en la fortaleza de Pedro y Pablo, en la catedral de la Sangre Derramada y en una lista interminable de edificios y monumentos espectaculares.
En cuanto a los palacios, es difícil encontrar adjetivos para describirlos. Fuimos a Pushkin y a Peterhoff.

Como colofón, el último día visitamos el museo del Hermitage, donde nos fijamos más en las salas que en las pinturas. Absolutamente colosal.

El viaje de San Petersburgo a Moscú fue en un tren nocturno, de la época soviética por lo menos, con unas pseudoazafatas que daban miedo y que nos trajeron un café, que por su sabor vendría de Chernobil.
El primer día en Moscú fue muy intenso. La inmensa y maravillosa Plaza Roja, con la Catedral de San Basilio, el impresionante centro comercial Gum, las torres y murallas del Kremlin, el mausoleo de Lenin,...
Estuvimos también en la Universidad Lomonosov, que tiene un rascacielos espectacular, la Catedral de la Resurrección, vimos el estadio olímpico y varias estaciones de metro que son auténticas obras de arte.

Al día siguiente fuimos al puente de los candados, con miles de ellos puestos por novios y recien casados a modo de hojas en unos árboles, y después a la Galería Tetriakov.
Por la tarde paseamos por la comercial calle Arbat y fuimos al Parque de la Victoria, dedicado a las víctimas de la 2ª Guerra Mundial. Es una maravilla y tiene un obelisco brutal.

El penúltimo día estuvimos en el interior del recinto del Kremlin. Visitamos sus catedrales, su jardín, vimos la Campana Zarina y el Cañón Zar, y a soldados rusos desfilando. No nos dejaban acercar a los edificios oficiales.

Por la tarde visitamos el Teatro Bolshoi, el edificio de la antigua KGB (donde en tiempos daban billetes directos a Siberia), los alrededores de la Plaza Roja y rematamos con una visita nocturna de ésta.Imprescindible.
La mañana del último día la aprovechamos para ir a ver el obelisco a los Cosmonautas, la torre de la televisión, que mide más de 500 m de altura, y un parque de exposiciones en el que, para nuestra sorpresa, nos encontramos con el oso y el madroño hechos de arena.
Por la tarde vuelta a nuestro hogar sin incidencias.
Pronto podréis ver más fotos.
César y Rosabel